METODOLOGÍA: ORIENTACIONES  DIDÁCTICAS.

Hay diferentes concepciones sobre el proceso de aprendizaje del alumno/a y el papel de profesor en el mismo. La más tradicional considera que el profesor es un instructor que transmite la información y el alumno la aprende por repetición o memorizando. En la actualidad se considera que la participación activa del alumno/a es indispensable para que se produzca un aprendizaje en profundidad y, además, es prioritario que éste desarrolle sus capacidades y destrezas intelectuales frente a la mera memorización de conocimientos conceptuales.

                    El aprendizaje será significativo.

Los nuevos conocimientos son adquiridos a partir de los esquemas que configuran nuestra memoria y que van reconstruyéndose, modificándose con la experiencia y acomodándose mejor a la realidad. Estos esquemas, que no tienen una estructura mental lógica ya que están integrados por conceptos, prejuicios, valores y actitudes; contribuyen a organizar, anclar y otorgar sentido a cada nueva percepción, tanto más cuanto más nueva, imprevista y ambigua se presenta ante el alumno. Por esta razón resulta imprescindible en el proceso de enseñanza hacer aflorar tales esquemas y que puedan establecer relación con los nuevos conocimientos.  Para lograrlo hay que:

·                    Plantear actividades al inicio de las unidades didácticas para averiguar lo que los alumnos ya saben sobre el nuevo conocimiento y cómo lo saben, ya que estos esquemas pueden apoyar o dificultar el nuevo aprendizaje. También interesa que el/la alumno/a sea consciente de sus propias nociones, las conozca de forma explícita, las compare con las del resto del grupo y las enlace con vivencias y conocimientos propios.

·                    Proponer una aprendizaje activo y creativo basado en actividades donde los alumnos definan problemas, elaboren explicaciones, argumenten, se hagan preguntas o reprocesen cualquier tipo de información. Se seleccionarán  contenidos que motiven a los alumnos, sean potencialmente relevantes y puedan provocar su interés.

·                    Evitar cualquier simplificación si se opone al rigor analítico y conceptual. En las comunicaciones del profesor, los argumentos partirán siempre de lo conocido hacia lo desconocido, de lo genérico dirigirán hacia lo específico, de lo concreto a lo abstracto, avanzando así hacia análisis cada vez más rigurosos.

·                    Proponer actividades finales al  término de cada unidad didáctica para que el alumno compruebe los conocimientos que ha aprendido y constate cómo los aprendió, con que acciones, con que trabajos, en definitiva con qué método. Tiene un alto poder educativo que el alumno/a sepa que las formas de trabajar lentas o enojosas han dado buenos resultados ya que así se pueden corregir actitudes inadecuadas y predisponer a un aprendizaje más positivo.

 

                        Ampliar la autonomía intelectual del alumno:

El/la alumno/a debe adquirir una cierta autonomía en organizar sus tareas de aprendizaje y en utilizar las herramientas y estrategias intelectuales con las que poder interpretar, explicar, valorar y disfrutar del objeto artístico. Para ello, se solicitarán trabajos individuales de indagación o bibliográficos que, además, favorecerán el desarrollo de los conocimientos procedimentales. También se ofrecerá a los alumnos documentos con el fin de que elaboren informes, síntesis y puestas en común cuando se trate de grupos. En cualquier caso, se considera esencial indicar claramente al alumno qué se demanda de él y cuales serán los criterios de evaluación de su trabajo.

 

                    El aula debe ser un ámbito comunicativo:

El desarrollo de la capacidad lingüística del alumno depende en gran medida del intercambio comunicativo con el entorno, por eso se debe potenciar el debate y facilitar la relación entre los alumnos y el profesor.  Para conseguirlo, se necesita cuestionar los esterotipos del alumno, buscar sus lagunas y contradicciones, provocarle para que reorganice sus propios esquemas. Evidenciar las incongruencias lógicas, las contradicciones, son los problemas con más potencial didáctico.

El planteamiento de las cuestiones debe ser ordenado y coherente para que el conjunto de interrogantes acaben dibujando el problema fundamental. La concreción del problema debe ir acompañada de la emisión de hipótesis y estas deben conducir al proceso de investigación como vía para resolverlo.

Hay que expresar los problemas con la mayor claridad posible, ya que “un problema bien planteado es un problema resuelto”. El responsable de esto es el profesor que ayudará a los alumnos a identificar los elementos, completará la información o indicará como obtenerla y resolverá aquellas preguntas que surjan. Procurará que sus mensajes sean motivadores y afectivos para que el alumno sea consciente que sus aportaciones tienen valor, es decir, que lo que aporta es interesante. El/la alumno/a debe afianzar su autoestima y  conseguir la seguridad necesaria para avanzar en nuevos campos del saber y de conocimiento.

 

                        Metodología cooperativa.

Es importante aprovechar las posibilidades del trabajo en grupo - tanto del pequeño (5 ó 6 alumnos) como del grupo clase- ya que esta metodología interactiva potencia el planteamiento de preguntas, definición de problemas, emisión de hipótesis, etc. La pauta mejor es plantear un problema y promover que cada alumno/a adopte su propia opinión individual al respecto. Luego se establece un tiempo para que, en pequeño grupo, se definan las diferentes posturas y, finalmente, los portavoces comunican las conclusiones y se abre el debate general.  En estos se pueden conocer cuales son las dificultades mayores, los estereotipos más generales, qué exposiciones del profesor corregir. Para los alumnos será estimulante poder exponer y defender las opiniones propias y se favorecerá que adquieran el hábito de conversar (oír al otro), el uso de la terminología precisa, etc .

 

                        Reflexión sobre el objeto de aprendizaje.

          Es necesario que el/la alumno/a constate regularmente y con toda claridad la realidad de su aprendizaje y que valore que el trabajo hecho, las síntesis parciales o totales, los informes y puestas en común, le han ayudado a concretar y fijar lo aprendido. Es útil revisar las actividades primeras en las que se sondeaban los preconceptos del alumno y compararlos con lo que sabe ahora. Reflexionar sobre cómo se ha aprendido, desde el planteamiento del problema, la emisión de hipótesis, el trabajo con las fuentes de información, las síntesis, etc.